FANTASÍA

Hace cinco días, once ó quizá han sido meses, la verdad no lo recuerdo, pero tuve un sueño y es que, pareciera surreal como una noche, con los ojos completamente cerrados tu mente se llena de imágenes, la claridad y nitidez con la que aparecen las hacen inolvidables. Tan inolvidables que sería capaz – aún con mi incapacidad artística –  de mostrarles, con detalles de colores e incluso con ausencia de ellos, como las he vivido. Bueno, soñado…

Por irónico que parezca, el sueño comenzaba con un viaje. Seguramente todo sueño es precisamente eso: un viaje con un futuro abierto. Este viaje no conocía destino alguno, pero sí que sabía de contar historias, como todas, que juegan con el presente y el pasado. Éste comenzaba así, desde la niñez, como la vida misma.

Seamos sinceros, la niñez parece ser la etapa de la libertad absoluta, llena de juegos, fantasías y todo esto; sin embargo, todo niño está determinado por el lugar donde nace, bueno, por la gente entre la que nace, más precisamente con los niños con los que vive. Este niño tenía mucha suerte, al menos esto parecía, pues existía una luz que lo iluminaba como esto, como un niño y eso ya es mucha ganancia.

Las cosas cambiaron súbitamente en el sueño. Apareció un hombre que tomaba a este mismo niño y lo tiraba, bueno, según sus palabras: ¨lo lanzaba a vivir¨. Sinceramente nunca logré entender la magnitud de esta frase, pues a la fecha me llena de desconfianza. Pareciera que lo que se escondía detrás de cuatro palabras, era aquello que llaman ¨madurar¨, sí eso mismo, lo de crecer: adoptar uno, dos o la cantidad de vicios que sean necesarios para llegar a un futuro. No cabe duda que este hombre aseguraba la existencia de uno, al que llamaba hogar.

No cabe duda, los adultos, estos hombres que no paran de hablar del futuro, es decir, del hogar, me han llenado la cabeza de dudas. Me pregunto: ¿se cansarán de hablar siempre de lo mismo? ¿Será cierta su preocupación del físico? , sino paran de comer ó ¿debería creerles de la necesidad de rodearse, que va, de saturarse de gente? sí parecen estar cada día más solos . No me tomen a mal, pues por un momento el sueño entró en este rumbo.

Que suerte la mía, pues en este sueño – como ya lo he dicho antes – no había futuros, era como un vehículo que avanzaba sin rumbo. Así que las preguntas no necesitaban respuestas.

Quizá el frío de la noche me hizo despertar, abrir los ojos y de repente mirar, más bien ser mirado . Ahora estoy convencido que no me gusta nada más que despertar con alguien a mi lado. Aunque, no era el momento de hacerlo, pues mis ojos se volvieron a cerrar y lo que seguía en el sueño estaba lleno de ventajas: uno, dos, tres, la cantidad no importa, lo que importaba era que había nuevos personajes en la historia y ellos me hacían sentir mejor. Quizá es a lo que llaman amistad.

Aun no logro entender la necesidad de guardar las memorias, me imagino que es la única verdadera representación de la propiedad, una que no te arrebata nadie. Pareciera ser una necesidad intrínsecamente humana de preservar, no por el puro capricho de acumular, sino por el deseo de recordar que aun estamos vivos. Por eso, cuando veo una persona con una cámara me resulta imposible no pensar en su necesidad de defender, sí, de defender las historias, como si la vida fuera una película.

Quizá era el momento perfecto para despertar, para contar lo que había soñado, pero esto de soñar no es como sentarte en la calle. Sales de casa y ahí está, siempre imponente. Por más que cierres los ojos, los sueños no siempre aparecen, en ocasiones se sueña más con los ojos abiertos.

Yo estaba seguro que los míos, mis ojos, se habían abierto, pero no era así, el sueño se apoderó rotundamente de mí y me trasladó a lo desconocido, a lo que aun ignoro, con nuevos personajes, esta vez muy diferentes, como salidos de otro mundo – quiero creer que no exagero en esto – uno en el que volar no sólo es posible sino es casi una necesidad.

Mi fascinación por descubrir este nuevo mundo hurtó todas mis miradas, sinceramente más que eso, quería entender porque olvidarse de poner los pies sobre el suelo era algo imprescindible en ellos, bueno aquí tengo que ser más correcto gramaticalmente: en ellas.

Esta última imagen, tan alucinante, debió haber durado unos segundos que parecían años para mí. Lo último que recuerdo es su espalda, que se difuminaba ante mí, sin nada que hacer, sin nada que alguien como yo, alguien que no puede ni sabe volar, pudiera hacer al respecto.

No sé si han pasado cinco días, once ó quizá han sido meses, pero sé que tuve un sueño, bueno tampoco lo sé, quizá sólo ha sido una fantasía.

De fantasías no se puede vivir, dicen por ahí. También dicen que la fantasía es como la luna, que camina siempre sola en un callejón sin salida. Sin embargo, yo no puedo esperar a que caiga el sol…

Luis Uribe